29 de enero de 2011

¿Quièn debe gobernar?

Ya se vienen las elecciones presidenciales y aún no tomo partido por ningún candidato. L a verdad es que no hay ninguno que valga la pena como para votar y hacerlo presidente. Generalmente siempre tengo un favorito, nunca me he mantenido al margen del tema político porque es importante saber lo que sucede en tu país: el hombre por naturaleza es un animal político. En las elecciones para la alcaldía de Lima, me agradaba la idea de que Susana Villarán ganara y así fue. Pues, lo que más me atrajo de ella es que fue una candidata nueva, no es una de las personas políticas que ya todos conocemos y que siempre estarán en el Congreso: "los eternos personajes políticos"…

Pero ahora, las cosas se ponen difíciles para las elecciones presidenciales. Seguro la mayoría de gente pensará que "habrá que votar por el menos malo".
Ante está gran problemática que a menudo trae las elecciones electorales, me atreví a reflexionar un poco sobre la persona idónea para gobernar y su verdadera función en la sociedad.

En una conversación de Sócrates con Calicles acerca de quiénes deben gobernar, Calicles mantiene una teoría muy interesante: en la naturaleza, los grandes dominan a los pequeños, los tiburones se comen a los peces, los fuertes aplastan a los débiles. Eso es la ley de la naturaleza, ley que deberíamos aplicar a nuestras vidas, pero esto es difícil porque existen leyes. Sócrates, por supuesto, se opone a la idea de Calicles contestando: "Oh inteligentísimo Calicles, tu sostienes que ´mejor´ es igual a ´el más fuerte´ y ¿Quiénes son los mejores? ¿Son los más sabios, o son los otros individuos?"- Calicles, con cierta duda, contesta: "Los más sabios, obviamente"
"Con frecuencia un hombre razonable es más poderoso que millares de hombres irrazonables; a él le corresponde mandar y a los otros, obedecer" Argumenta Sócrates.

Analizaremos la interesante conclusión de Sócrates, hasta ahora ya tenemos una primera idea acerca de quien debería gobernar: El mejor, tan simple como eso.
Pero aquí viene lo interesante, Sócrates dice que el que ha de gobernar también ha de gobernarse a sí mismo. Este debe ser dueño de sí mismo. ¿A menos que tú creas que no vale la pena ser dueño de sí mismo y lo único que importa es mandar sobre los demás?
Ser sabio y dominarse significa ser el dueño absoluto de tus pasiones y caprichos. Las pasiones y caprichos de los deseos, son gustos que producen placeres momentáneos que nos colocan a la espera de que algo o alguien apague nuestra sed. Lejos de ser libres y poderosos, somos, entonces, esclavos y dependientes.
En consecuencia, el ser humano libre es aquel que se gobierna, esto lo convierte en el ´mejor´, y solo él, por tanto, puede gobernar a los demás. Este es el primer paso que debe realizar una persona para poder ser gobernante.

Según Bartolomé Herrera, es indudable que algunos hombres han nacido para mandar y otros para obedecer. No pueden ser todos; porque no todos tienen los dotes de organización y liderazgo. Los hombres organizados en una sociedad debían partir del reconocimiento de sus diferencias para asignarse cometidos y posiciones acordes con sus capacidades. Unos tendrán habilidades para el trabajo manual, mientras que otros destacarían por su capacidad intelectiva y sólo unos pocos por su capacidad de mando. "Una comunidad humana debía organizarse a partir del reconocimiento de la desigualdad de sus miembros, y no sobre la falsa premisa de que todos eran iguales e intercambiables en sus funciones".
Jaime Barylko, filósofo contemporáneo, inspirado en la ciudad ideal de Platón afirma que: "en la base de la sociedad tenemos tres castas o clases sociales: los artesanos, los que fabrican bienes para satisfacer las necesidades materiales; luego están los soldados o guardianes, cuya función es la defensa de la ciudad y los encargados del cumplimientos de las leyes y de las normas. Por encima de ellos se encuentran los sabios y los maestros, quienes procuran las leyes que educarán al hombre hacia el bien y la convivencia feliz. Todo, sin embargo, lo decide la educación. En efecto, hay igualdad de educación y de oportunidad para todos, sin distinciones de castas ni de sexos. Desde pequeños, los niños son guiados hacia la virtud y la sabiduría. Pero, claro está, a través del tiempo se irán manifestando las diferencias de los que están más o menos dotados para esos ideales antes señalados. Se produce una selección natural: los menos adecuados para una vida contemplativa y docente se ocuparán de lo que le es más cercano, el mundo sensible, lo inmediato; serán en consecuencia los artesanos y desarrollarán las tareas físicas de la ciudad. Quienes sobresalgan, en cambio, continuarán su educación, y los mejores de entre ellos formarán el estrato de los guardianes, lo más alto de la sociedad, la sabiduría".

Entonces, no basta con querer, no basta con aprender, hay que poder, hay que tener la habilidad para ejercer la función elegida. Para este caso las habilidades para la función de gobernante son de organización y liderazgo. No todos las tienen.

Función del Gobernante

"La función del gobernante es de procurar el bien de los ciudadanos, gobernarlos y, por lo tanto, educarlos y hacerlos inteligentes en ese autogobierno que produce la verdadera libertad. Los gobernantes pueden engolosinar al pueblo, que a veces se comporta como un niño, o realmente gobernarlo, es decir, educarlo; en decir, mejorarlo. Los gobernantes tienen, pues, la función de ser maestros, guías, de llevar a sus gobernados, a través de la persuasión o autoridad, a las medidas más convenientes para volverlos mejores personas.

Pero los gobernantes, esos hombres reales de política cotidiana, los del parado y los del presente, ¿A qué se dedican? Puentes, plazas, parques, edificios y otras cosas por el estilo. Lo que corresponde es mejorar a la gente, y de ese modo mejorar la vida. Esas construcciones mejoran a la ciudad, pero no a sus habitantes."
No trato de decir que lo que hacen los gobernantes de ahora está mal, que no sirven de nada esas cosas que mejoran a la ciudad, pero no es lo único en lo que debe basarse un gobierno.

En conclusión, los mejores son los que deben gobernar. Los mejores son los que poseen la inteligencia, la lógica, y se autogobiernan. Porque el que gobierna es gobernador y gobernado a la misma vez. Gobierna a los demás porque se gobierna a sí mismo. En consecuencia, al gobernar oficia de maestro, de guía, y hace de los ciudadanos mejores ciudadanos, es decir más sabios en sus respectivas vidas, por lo tanto, los educa.

A continuación elaboré un esquema para una mejor comprensión de las ideas tratadas anteriormente:


Entonces...








Si desean abrir un poco más su mente acerca de este tema, aquí están las fuentes que me ayudaron a realizar este post, espero que os sirva.

  • "Apologìa de Sòcrates"
  • “La filosofía”- Jaime Barylko
  • “Anotaciones de Herrera al Derecho Público Interno y Externo de Silvestre Pinheiro” – Bartolomé Herrera.

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